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jueves, 10 de octubre de 2013

Mercromina en las rodillas

Esta mañana me ha venido un recuerdo de mi niñez a la mente, de esos que están bien guardados en algún recóndito pliegue de nuestro cerebro y me ha provocado una sonrisa instantáneamente.

De pequeña era muy traviesa (que no mala), siempre andaba trepando por árboles y tejados, emulando a Eddy Merckx con mi bici o haciendo looping en los columpios; disfrutaba más jugando con los niños que con las muñecas, lo único malo era que cuando imitábamos a Tarzán en los columpios a mi me tocaba hacer de Chita por ser niña, ni siquiera me dejaban ser Jane.

Como consecuencia de mis andaduras, siempre iba con las rodillas peladas y teñidas de rojo por la mercromina  que mi abuela me aplicaba (al tiempo que me reprendía cariñosamente) después de lavar mis heridas con la espumeante agua oxigenada. Esas rodillas rojas formaban parte de mi imagen.


mercromina by angeladini2

mercromina, a photo by angeladini2 on Flickr.

Ahora, de adulta, vuelvo a lucir esta imagen pues sigo siendo bastante traviesa y, además, practico otro deporte de aventura: busco empleo, lo cual implica tropezar y caerse día sí, día también y ya no tengo a mi abuela para curarme (aunque con sólo el recuerdo de su sonrisa me siento reconfortada).

Mi mercromina de hoy es mi voluntad, mi perseverancia, ponerme guapa cada día, saber que más pronto o más tarde lo conseguiré, mis ganas de aprender más y más y, como no, el apoyo de mi entorno inmediato, mi entorno virtual repleto de información compartida y animosas colaboraciones.

Así que como caerse es inevitable, levantaos sin miedo, un poco de mercromina y a seguir corriendo. No tiene nada de malo lucir unas rodillas bien rojas ;-)